martes, 15 de febrero de 2011

15 de febrero


Hace exactamente un año, en la tarde, fui a tu casa. Había regresado del viaje de verano, en el cual pasaron muchas cosas, tú y yo no hablamos desde que inició febrero. Cada una había estado pensando lo que era mejor, lo que le haría mejor. Sentíamos que no hablarnos era la mejor manera de llevar las cosas en paz entre las dos, así como cada una pensó que sería mejor terminar con esa relación que ni había empezado. "Es mejor ser amigas", tal vez eso pensabas tú. "Es solo un capricho", es lo que rondaba mi mente esas dos primeras semanas de febrero.

Cuando regresé de viaje, pisé suelo peruano y lo primero que hice fue alertarte. Sabía que tal vez me dirías de nuevo: "No habíamos quedado en algo", pero tenía que arriesgarme; pues durante el viaje fuiste importante, y no dejabas de serlo a pesar que no hablábamos. Tu nextel estaba con la fila de alertas llena. No podía comunicarme contigo y eso me frustraba. Por otro lado tú estabas en la fiesta de una de mis mejores amigas; así que decidí llamarla. Supongo que te dijeron que yo ya había llegado, recuerdo que me contaste que te molestaste porque no te había llamado. Cuando conseguí comunicarme contigo, lo más romántico que pude decirte fue: " Cualquiera borra su fila de alertas no?" Las cosas estaban raras entre las dos, pero aún así quedamos en vernos el lunes 15 de febrero del 2010. Yo quería llevarte las cosas que te había comprado y de hecho teníamos mucho de que hablar.

Así llegó el día, estaba desesperada porque no sabia que ponerme, dado que no tenía mucha ropa limpia y además sentía que nada me iba bien, que nada era acorde con la situación de "no sé que pasará". Habíamos quedado a las 3 o 4 pm, fui a tu casa. Durante el trayecto traté de no pensar nada, no imaginarme ninguna situación, no estar nerviosa, no sentir maripositas. Tenía en mente un plan perfectamente diseñado, en el cual no pasaría nada entre las dos, pues debíamos aprender a ser amigas. Memoricé el plan y las palabras, intenté que las emociones no salieran a flote. Todo estaba listo, mas no conté con esos lindos ojos marrones, con esa bella sonrisa esperándome en la puerta de tu casa. La debilidad perfecta para el plan perfecto. No conté que con solo verte, causarías tal revolución en mí. Mientras me acercaba a saludarte, contemplé a la persona de la cual me enamoré a kilómetros de distancia. Ante mis ojos, eras perfecta. Estabas con un polo, una bermuda de entrenamiento y sandalias. Tu cabello estaba suelto, lacio y brillando bajo el sol. Tus ojos trataban de no cruzarse con los míos. Nos dijimos: " Hola", yo tenía el corazón en la mano pues estaba sin armas y tú "hola" sonó tan igual al mío que ni bien crucé la puerta estaba segura que me encontraba en el lugar indicado, con la persona indicada.

Recuerdo que fuimos a la sala a ver tv, conversar, reírnos, sonreírnos, mirarnos, sentir la chispa que había entre tú y yo, reconocer lo que había pasado en 3 meses. Hablamos de cosas triviales, como un camuflaje a lo que pensábamos y sentíamos desde el momento que nos vimos de nuevo. Como fue que nos besamos? ah, ya recuerdo, para no perder la costumbre, te acercaste demasiado para ver mi cadenita, miraste mis labios de una manera que yo no esperaba. Me puse demasiado nerviosa y quise acercarme pero regresaste a tu sitio con una mirada y sonrisa de satisfacción increíble ( de esas que solo tú sabes hacer); solo atiné a una risita y me dejé cautivar por tus ojos. Fue ahí cuando te acercaste de nuevo, pues "no la habías visto bien".

Me quedaste mirando fijamente a los ojos, te acercabas lentamente. Luego tu mirada bajó a mis labios y tal vez un poco más abajo. Mi mano se deslizó delicadamente sobre tu cintura, y la otra mano acariciaba tu mejilla. Mis ojos recorrían toda tu cara, tratando de comprender ese algo que me atraía tanto. Había demasiada química en esa habitación, demasiada conexión entre ambas. Hasta que tus labios se juntaron con los míos, suavemente, tal y como los recordaba. Mientras te besaba no podía pensar en otra cosa, mas que en lo mucho que te extrañé, y en lo mucho que mis labios habían extrañado a los tuyos. Recuerdo que terminamos ese beso y me abrazaste con mucha fuerza, y yo a ti. Luego teníamos que hablar de lo qué pasó allá, es decir de Isabella, un tema bastante delicado, te pusiste a llorar pero me disculpaste por todo y yo no lo podía creer. Cuando te dí tu cadenita de Panda y lo de Star wars, estabas tan feliz...eras una niñita recibiendo muchos regalitos, que luego se lo mostraste a tus papás, fue tan bonito verte así. Tan tú. Sentí que todo sería genial a partir de ese día...

No hay comentarios:

Publicar un comentario